jueves, 26 de febrero de 2015

Saberte libre.


"Decir lo bonito de tu sonrisa no es mentir, estés donde estés."

Tenías los ojos más bonitos del mundo,
sobre todo esas noches en las que te empeñabas que si gritabas revolución
alguien tendría que hacerte caso.
Y yo te daba todas las razones que cabían en mi boca.
Los motivos sobraban.

Hacías una oda a los trabajos mal remunerados
cuando te liabas un cigarro y pensabas que el mundo sería un lugar más mágico
si todas las guerras fueran como nosotros, sin ropa.

Yo pensaba en los muertos de hambre,
en el señor que vendía libros por un euro en plena calle
o el escritor que vivió toda la vida debajo de un puente hasta creerse feliz sin aire,
cada vez que te rozaba el ombligo.

No necesitabas despertador, tenías el tiempo tatuado en la piel
y correr de tu mano por los callejones más sucios de la ciudad
me hacía ver las vidas que por un momento hasta quería tener, si era contigo.

Desnudarme ante tus dedos era despojarme de todos mis atuendos,
quedarme sola con mis logros y gritar "vencimos" donde otros pusieron un "jamás".

Tenías los ojos más bonitos de mundo,
parabas los taxis con un solo bostezo
y llenabas los bares porque oírte respirar era
la mayor oda a la revolución que se ha pronunciado nunca.

Tenías el abrazo siempre a punto,
el sexo como la ley al conocimiento,
el sueño por obligación de ojos abiertos
y el mundo en tus manos.

Nunca supe como lo hacías,
solo quería decirte, que jamás dejes de hacerlo.

Cuando te sienten respirar el mundo corre menos,
quiere más, y yo lo entiendo.

Sigues reuniendo mil poetas en un bar.


martes, 24 de febrero de 2015

Contrato de vuelta. Chamartin-Vigo


Suena en bucle un “Por la vida, mi amor, por la vida”.

Nos explicaron lo que eran las despedidas pero se olvidaron de las raíces.

Nos dijeron que volver a casa era otro modo de encontrarse pero no pensaron en los cimientos que echamos sobre otras calles.

Escribieron sobre el amor y sobre los besos sin advertirnos de la falta que nos hacen los abrazos de ciertas manos.

Intentaron contarnos el cuento del bueno y el malo pero todavía quedamos los que no nos lo creímos y partimos en busca de respuestas.

Inventaron los trenes, los taxis, el metro y el asfalto como lugares comunes que no podían abarcar recuerdos y se olvidaron de quiénes éramos los que escribíamos sus tempos cada noche.

Nombraron el frío porque jamás durmieron en su cama, el miedo porque no sabían lo que era volar, la lluvia porque no nos vieron mojarnos.

No dejaron nunca de crear imposibles y nosotros, vinimos para creer en ellos. Para tirar los relojes, romper los calendarios y luchar por los nuestros. Para mancharnos de tinta los dedos y con ellos emborronar el mundo.

Escribieron sobre el olvido, la distancia, los sueños como utopías, las miradas a ningún lugar, las terminales y los destinos.

Y nosotros respondimos con recuerdos, con cercanías, con proyectos conseguidos, con las pupilas dilatadas, los comienzos y la capacidad de llamar casa al lugar que nos regaló un encuentro.

Respondimos con los brazos repletos de copas y cigarros compartidos, con la imagen de una Gran Vía a plena luz del sol, con los versos de Sabina a toda voz, la primera estrofa de un libro viejo, los besos a escondidas y los “nos vemos” en la boca de un metro que se empañaba en separarnos.

Con la maleta cargada de momentos, en línea recta, con más pena que gloria en cada paso. Con romper la rutina y la distancia, con volver a verlo verme desde el primer momento, desde ese atravesar la puerta, desde la primera cerveza, y todas las demás.

Contestamos a cada línea dándole la espalda a la carretera, a cada mañana sonriéndole a su cama y a cada centímetro de un viaje imposible por dejar de llorar con una carrera al tiempo.

Nunca fue poeta, él era más que eso, era la musa y el verso, el sol de las dos, el medio día en la cama, los roces de palabras, la métrica en la prosa, el mayor navío del mundo.

Era el quédate hasta el final, tenemos toda la vida por delante, la media perdida, cuatro noches de ganas, la peonza del mundo y la teoría de la relatividad. El sueño siendo, sin dejar de soñar, con los ojos abiertos.

Le vi irse y volver con esa mezcla entre felicidad y tristeza. Eso era, sinceridad en un mundo en el que la magia significaba mentira y no fe. Era un destino al que llegar y un motivo para volver a casa.

Suena en bucle un “por la vida, mi amor, por la vida” y desde el comienzo de una lejanía te escribo por un futuro en verso, porque fui y volveré, por la poesía, mi amor, por la poesía.


Gracias casabar, gracias familia.

No era todas las estaciones, pero casi.

Tenía manos de Invierno y cabían todas las gotitas de agua del mundo entre sus dedos.
Tenía manos de Invierno y por eso cada vez que me tocaba yo rompía en veinte mares sirenas incluidas que enmudecían estas calles con su canto.
Tenía manos de Invierno y verlo escribir, bailarle al mundo o tocarse el pelo era una de las mejores razones que he conocido nunca para volar.
No siempre sonreía, pero eran sus maneras las que te hacían entenderlo sin puntos suspensivos.
Además también tenía dientes de pecado capital.
Al acercarte a su cintura sonaba "Atención, estación en curva. Al salir tenga cuidado para no introducir la vida entre coche y andén", o algo así.
No lo escuché bien porque estaba pensando en que él tenía manos de Invierno pero jamás helaba las heridas.
Al contrario, me abrazaba y desprendía tanto calor que sudaba sangre sin descanso, y me gustaba. Juro que me gustaba morir cada noche en sus brazos si a la mañana siguiente empapados en llanto de echarnos de menos podíamos volver a corrernos hasta cansarnos y recitarnos después al oído unos versos, o cantar cualquier tema olvidado para que no muriese, como nombrarnos.
Decía que además tenía pies de música y ombligo de tierra y acento de mar, a pesar de tanto.
Por eso me importó al caso tan poco morirme en su cama y perder las anclas, por eso y por ser él, supongo, incluso en la distancia.
Porque yo puesta de sol y él manos de Invierno, cada noche de sexo era un arcoiris de hachís y humo y que más podíamos pedir que llovernos al vernos venir?

Por la culpa de los siglos. Alcalá-Atocha-Bilbao

Toda la culpa era de tus ojos tristes, 
decían los que no te vieron vaciarte más que en verso. 

Toda la culpa era de tus ojos, 
de tus maneras, 
del modo en el que cogías el cigarro 
te lo ponías en la boca 
y fumabas como si la vida fuera 
una cuenta atrás. 

Toda la culpa era de tus ojos, 
de las ganas de girar, 
de que si la velocidad de la luz 
y la teoría de la relatividad 
entre tus piernas. 

Toda la culpa era de tus ojos, 
de tus ojos, 
del modo en el mirabas el mundo, 
del modo en el que frenabas al resto 
y soñabas tan alto, tan alto...

Toda la culpa era de tus ojos, 
de ser lo primero que veía al despertarme 
y Madrid nos encontraba bailando 
hasta en sueños.

Toda la culpa era de tus ojos 
y de cuando me cantabas 
a gritos por Lavapiés 
y la gente nos miraba 
como locos, 
una pena por ellos. 

Toda la culpa era de tus ojos, 
de comernos el sexo hasta corrernos 
y después leerme los mejores versos del mundo, 
si es que se han escrito ya.

Y a estas alturas sigues preguntándote porqué nos cruzamos, 
porqué aquella mirada y me besaste la rodilla derecha, 
porque no podías hablar si mis piernas 
y acabamos en tu cama diciendo 
"buenas noches, volveremos a vernos".

Y a estas alturas sigo pensando 
que a pesar de tanto, 
toda la culpa es de tus ojos.

Corrígeme si me equivoco.


Tes escribí en la Gran Vía y te lloré en el Retiro.

Escribo desde la Gran Vía adoquinada de recuerdos.
Desde yo que sé, no lo sé, no puedo verlo.
Desde tus ojos.

Escribo porque quiero quedarme, aunque sea en blanco.
Porque mi tierra, porque mi gente, porque mi padre.
Escribo porque gracias.
Por todas esas noches que no volvías a casa, por las lágrimas, el esfuerzo, el trabajo, los abrazos, lo perdido.
Sí, escribo por lo perdido.

Por los que quisieron hacerte creer que tenías que vivir en cantidad y no en calidad.
Porque tú siempre supiste volar a pesar de tanto.

Escribo desde la Gran Vía adoquinada de recuerdos.
Desde yo sin ti no me sé y quiero verte.
Porque fuiste tú el que me dijiste
"ve, inténtalo, vuela, cariño, te quiero".

Para llorarte hacia fuera en verso cuando no te puedo dar un beso de buenas noches
y jurarte que estoy bien, que no te preocupes, que estoy bien,

Escribo porque nunca has cogido un libro
sin embargo cruzas los dedos por el mío
y me lees tantas veces.

Por la noche en la que apareciste en mi cama y susurraste muy bajito, para no hacerme daño, que teníamos que irnos de casa, que cerrabas aquel bar, que llorabas desde la pobreza de bolsillo y la riqueza de corazón.
Eres el mayor guerrero del mundo.

Por dejarme irme lejos.

Escribo porque tú me has enseñado a hacerlo. A soñar sin la necesidad de meterme en cama aunque no me arroparas pro si algún día no estabas y el invierno se alargaba más de la cuenta.

Porque tú nunca me has dicho esto sí y eso no, pero yo sabía lo que valía la pena contigo.

Porque dejamos atrás una vida y lo intentamos siempre de la mano.
Porque los putos bancos y la gente, la gente...
Porque no tuvimos nada y sin embargo fuimos mas que el resto.

Escribo para dar las gracias.
A un acento de mar, mi casa.
Todo lo que dejamos atrás, al tiempo.
Gracias Vigo y Madrid ojalá.
Gracias por enseñarme a luchar enseñándole los dientes al fuego en plena guerra y a ganar siempre al calendario que tanto nos persigue. A no vivir ni besar con las manos en los bolsillos.

Gracias a la manera de lloverme que me deja sonreír al mundo, gracias por estas alas.
Gracias
por
estas
alas.

Gracias, una vez más, por ser la arena de mi playa en la distancia, papá.


Intenté volar en Madrid y lo conseguí en su cama.

Algunos pensamos que antes del fuego ya había cenizas.

Madrid hoy tiene un gris de sexo precioso, huele a corrernos hasta cansarnos y viste las medias a la altura de los tobillos.

Llevo un millón de ganas bajo las uñas de caminar despacio por cada arañazo marcado anoche en tu espalda. Una sonrisa en la cara de las que no se ven a simple vista y el vicio en vena con ellas a toda ostia. Querer gritar que la revolución empieza en sus piernas.

Llevo viniendo en líneas algún tiempo. Creando, como nos enseñaron los que decían saber, castillos en el aire. Queriendo bajarle las bragas a esta ciudad en auge y agarrarla hasta retorcerla, hasta volcarla en una posición imposible que solo yo puedo ver. Comiéndole el sexo hasta que grite bajo el suelo como, si todas las horas fueran, horas punta si se desnuda.

Llevo, las ganas si llueves de placer y nadie vuelve a tener frío. Y lo vomito como quién no puede engullir más pero sigue tragando por lujuria. Porque está repleto de, al menos, un pecado capital.
Y lo vomito para dejarme llevar e irme contigo a ese lugar al que no llevé nada más que querer jugarme la vida. Para desdibujar aquella imagen y ahogar en cerveza hirviendo ese castillo de mierda.

Porque es hora de admitirlo, yo tenía más de puta que de santa y a ti, cariño, no solo te faltaba la corona.
Para volver al sabor de las noches a ciegas,
al portal de las horas perdidas,
a la cama del sexo por gusto
y el gusto por arte
y la falta de frío.
A todo aquello que dijimos entre gemidos.
A tus piernas.

Para volver a bajarte las bragas, Madrid, deshago un mundo que es erróneo para declararte la verdad mas viva, el cuerpo mas puro, la piel mas fina y las pupilas dilatadas.

Para volver a bajarte las bragas, Madrid, porque cuando te corres en verso no se salva nadie. Quién dijo besos pudiendo vaciarme en tu boca?

Para volver a bajarte las bragas, Madrid, para que vuelvas andando a casa, para que suene tal vez Sabina en una boca ajena, para que retes al mundo con tu sonrisa de sangre, que cabe un universo en el mas pequeño de sus lunares pero ellos no lo saben.
Porque míralos, siguen caminando a ninguna parte y lo hacen sin lucir las medias a la altura de sus tobillos.

Tú, no dirás lo que sabes
pero somos las cenizas
que había antes del fuego.


Vigo-Chamartín, pido perdón.

Me acaban de etiquetar como turista, a mí, que siempre he querido ser habitante.
Tranquila, estoy de camino, antes de que cierres los ojos llego, prometido.
Voy a pedirte perdón. Por todos los que dijeron que no sabes cuidarte, que cualquiera invade tus piernas o que tienes tus carencias a pesar de los daños.
Voy a pedirte perdón por los que no encontraron el verde en tus ojos o el silencio entre tus brazos.
Por todos los que te quitaron el sueño, por aquellos que perdieron y te echaron a ti la culpa.
Por los hijos de los muertos que no han vuelto a verte.
Lo siento. Sé que sabes que podemos cantarte el Blues más largo del mundo. Que por vieja guardas más que por tormenta y que por mucho que lluevas, tú siempre sonríes.
Vengo a pedirte perdón por los artistas que ya no y jamás han vuelto a saberte musa, por los pintores que no te buscan, los actores que te mienten y aquellos que no te escriben.
Por los gritos de siglos pasados y los tuyos callados en presente.
Porque a pesar de los pesares eres nuestra madre, nuestra hermana y nuestra hija, aunque cueste.
Porque cerca, y si lejos cuando van detrás tuya y no llegan nunca.
Vengo a pedirte perdón por los que no supieron quererte por imposible Madrid, tú que eres todo una declaración de intenciones,
Y gracias.

miércoles, 11 de febrero de 2015

El que inventó las intenciones habló de ti.

Esta mañana la resaca no me dejó sonreír en las fotos.
A pesar del alcohol sigo pensando que la culpa es solo tuya.
Antes de irme a la ducha caminé desnuda por casa un buen rato.
Tenía tus dedos marcados en mi pierna
y me pareció un tatuaje demasiado bonito como para no lucirlo a pesar del frío.
Un cuatro de cinco que no llega a medio en las ganas de sumar contacto.
Querer partir nunca nos pagó los viajes, pero al menos, nos ayudó a intentarlo.
Así, contigo, de vez en cuando.

La felicidad se lleva por dentro, pero a mi siempre me delataron las miradas.
Estoy segura de que ayer no necesitaba decirte media palabra para que lograras entenderme.
Sin embargo algo dije, por esto que dicen de que los silencios
y que a veces, se nos escucha temblar, y me deshago de vergüenza con solo pensarlo.
Me alegro de verte, del invierno, de las noches a solas, de mí.
Me alegra saberte y besarte, sobre todo y con los ojos.
Sobre el olor a alquitrán de las calles y el humo de los cigarros besados por los labios de Judas.
Tu olor sigue siendo el mayor de los placeres hasta que te desnudas, el resto, puedes imaginártelo.
El que inventó las intenciones te situó en el punto de mira y habló de ti, estoy segura.

Esta mañana la resaca no me dejó sonreír en las fotos.
Ni creo que hiciera falta.
Llevo la felicidad en los ojos,
el tiempo en la espalda
y el verano por dentro.
La marca de una sonrisa en la piel
y el hielo de un café en la lengua
a sabiendas de que una noche volveré
a derretirla en tu ombligo.
Ya sabes, aquí cada uno tiene sus tonterías cariño.


domingo, 8 de febrero de 2015

Os segredos que garda a costa da morte.

Trouxen ata aquí as miñas lembranzas desta terra, de cando era nena. 
A morriña de recorrer unha praia valeira, de recoller froitos no campo, 
de escoitar cada mañá os paxaros na fiestra do baño.

Esquecéndome se debería lembrarte en branco e negro, ou facelo a toda cor. 
Caendo na conta de que o mellor sería borrarte deste recuncho de tarde.
Forzando cada verso ata que non falen de ti, por non ollarte sen tornar a vista atrás. 

Trouxen ata aquí as ganas que teño de bicarte, 
de tornar mirar a lúa nas noites de verán sobre o teu peito nu. 
De agardar na praza xunto as nosas lembranzas. 

Trouxen e traio tremores e non son de medo.
Es o vento do outono que sopra na nuca do sol.
O bico que ceibe se pousa na cume dun monte que leva o teu nome.
Es todo o que quixen ter e foise. 
Camiñar espida polas beiras dun río esquecido 
que amaina cando canta unha nai.
Lostrego en noites de verán,
saraiba sobre as flores da avoa, 
mirada esquecida cara ningún lugar. 

Es e fuches, e non voltaches. 
Es o emigrante mais agardado do mundo, 
o morar ducha bolboreta no bico dun neno, 
a choiva que ninguén quere e que todos agardan, 
os segredos que garda a costa da norte, 
morrer enriba de alguén e desexar quedar a vivir nel para sempre.
Es todo o que quixen ter ao lonxe, 
A morriña que lle teño ao bosque
Dende que non o atopo en ti.



Desde nuestra playa.

(Si encontráis entre estas líneas su nombre no se lo digáis, es demasiado tarde y yo nunca fui de mensajes a estas horas.)

No sé como lo hiciste pero llovieron recuerdos.
No he vuelto a llorar desde que te fuiste.
Pisé nuestra playa creyendo que habría cambiado pero todo seguía igual.
Esta vez era Invierno, esa es la única diferencia,
por el resto sonaba como aquella noche y olía a ti.

Hoy me obligué a escuchar de nuevo Extrechinato
mientras lo gritaba, hasta que me di cuenta de que ya no estabas
para unirte con un "espera, te sigo".
Ahí lo he parado porque un Rock&Roll con final abierto no tiene gracia.

Al llegar a casa me desnudé y eché
tanto de menos tus dientes jugando a ser fuego
que me dolí, una vez más, me dolí pero no lloré.
Juro que no lloré.
Doblé la ropa sobre los pies de la cama y esperé una noche más
un mensaje tuyo de "bajas?" hasta las tantas.

Sí, sigo con estas tonterías cariño.

Quiero decirte que veo casi todos los días a tus padres
y que siempre me arrancan una sonrisa.
Después me voy corriendo al lavabo
para que no me vean romperme por bulerías.
Siempre me han caído bien.

Te echo de menos, y por el momento
no he pensado en dejar de hacerlo.
Creo que te quiero por utopía
y ya no lo veo como un problema, sino como un juego.

Sigo buscando un final para acabar este cuento,
porque para lo que me estás queriendo
si aparece no me lo pienso, publico.
Ahora si tú me dices ven, dejo este vuelo y me quedo.
Juro que me quedo.
Porque el modo en el que tus ojos cambian de color en cada huida
siempre fueron la manera más bonita de perderme,
queriendo quererte, más que a nadie.

El cariño es otra historia, supongo.
Al igual que la distancia de seguridad que decidimos mantenernos
para no empezar por las cenizas. Me gusta pensarte así.
Por momentos quiero desaparecer, solo para que
empieces a echarme de menos, si es que puedes.
Todavía sueño con verte volver, y plantarme un beso
que crezca de golpe y arregle
este desastre de costuras abiertas sin remedio feliz.

Sigo aquí, no lo olvides nunca,
sin decir, nada malo de ti.
Pensando que todavía
no se nos ha acabado el tiempo,
aunque no haya forma posible
de avivar el fuego.

Entre tanta ceniza.




Eres con faltas de ortografía.

No sé como lo haces, pero no dejes de hacerlo.
Sigue viniendo y no me hables.
Para emborracharme me vasto sola.
Sigue echándome de menos,
ya sé que lo haces, y mal.
Sigue buscándome la pena
en donde solo había sonrisas.
Se te da tan bien este frío.
Cuando vuelvas haré
como si nada hubiera pasado,
ni siquiera el tiempo.
Miraré hacia otro lado
y tendrás que pedirme permiso
para comerme a besos.
Pondré mi mejor cara
mientras me quite la ropa,
hasta que sea cierto.
Insisto, no sé como lo haces
pero no dejes de hacerlo.
Echarte en falta es
mi declaración de intenciones.
Hecharte en falta es
hacértela, pero al revés.
Nunca sabré si amor
se escribe con "h" o sin él,
pero el mundo le pega más
repleto de errores.
Y puede que de ortografía
también.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Escucha, será solo un momento.

Hoy he vuelto a llorar por ti,
ni siquiera intenté evitarlo.

Estaba al borde de un récord de calendarios, de un final.
De un casi olvidarte sin conseguirlo.

Ayer despedí mis líneas creyendo en que quería querer de nuevo a alguien que no fueses tú.
Y hoy he vuelto a llorar por ti.
A construir el muro en la mitad de Berlín, a retroceder guerras atrás como si en todo este tiempo no hubiera aprendido nada.

Seguimos sonando como la pareja que nunca fuimos,
nos enfadamos e intentamos, después, juntarnos.
Así una y otra vez.
Eres el bucle más sin sentido del mundo y yo no quiero dejar de darte vueltas.

Hoy he vuelto a decirte que te quiero,
después he escrito un "gilipollas" para que quedara menos serio,
y acabé con un "te echo de menos".

Ahora veo como intentas devolverle a nuestro circo romano alguna victoria por demasiadas guerras, pero cariño, tú y yo nos matamos en la primera.

Y me encanta, me encanta que seas mis ruinas, mis batallas perdidas por imposibles, esas que estaría dispuesta a sufrir mil veces.
Encuentro en ti la vida que perdí en mi misma por procurarte un Verano eterno, a ti, que eres el hielo de cada tormenta siglos atrás.

Hoy he vuelto a llorar por ti,
por ver desaparecer esta estación de golpe,
porque de repente uníamos Berlín
y el circo entero nos hacía una ovación en pie.

Hoy he vuelto a llorar por ti,
porque me despedí, mil veces,
y lo hice solo para ver
de reojo
como vuelves.


martes, 3 de febrero de 2015

Carta de agradecimiento a una vida.


Estaba total y completamente sola. 

Me abracé con fuerza y soñé con un cambio hacia no recuerdo donde, tampoco cuando.

Y ellos me desenredaron los brazos, me descosieron las cicatrices y me curaron los golpes que llevaba a la espalda. Me sirvieron un café después de abrirme la puerta de su casa poniendo mi nombre en su buzón. Que nunca me llegó ninguna carta, pero esa mirada era la mejor declaración de intenciones que jamás podría sellar nadie. Y el futuro dejó de oler a ceniza y humo rancio.

Me taparon cada noche que me quedé dormida soñando con todo eso que quería, con ellos. Me sirvieron un plato de comida todos los días y siempre tuvieron una sonrisa para hacerme feliz cuando el mundo quería joderme. Me apoyaron sobre el mejor de los pedestales y siguieron sumándole peldaños al calendario diciéndome "corre, sube, no vas a caerte", y a mí me bastaron sus ojos para saber que hay ostias que merecen la pena y que siempre nos quedaría un motivo, por el que volver a casa.

Cuando estaba total y completamente sola me quisieron, y jamás necesitaron decirme que no se irían. Y ahora sé, que hay familias que no son para siempre pero hay personas para toda la vida.

Estaba total y completamente sola así que me abracé con fuerza y ellos me desenredaron los brazos, me descosieron todas las cicatrices y me curaron los golpes que llevaba a la espalda. Yo manché todo de sangre, pero para ganarle al tiempo una guerra más, perdí todo lo que valía menos. Ahora tengo lo mejor que podría soñar mucho antes de que me arroparan las lágrimas al caer la noche, ahora los tengo sentados a mi lado. 

Y gracias.

Cicatrices como corazas.

Hubo un tiempo en el que valoramos la belleza de un abrazo y no el calor.
En el que agarramos de la mano a un extraño 
y en lugar de sujetarle el corazón lo ayudamos a saltar al vacío. 
Regalamos sonrisas, nos vendimos por copas y cobramos por sexo. 
Porque aunque nunca nos pusiéramos un precio,
buscamos una recompensa a la altura de nuestras expectativas. 
Vivimos noches en las que en lugar de cerrar bares, abrimos puertas desconocidas 
creyendo que allí encontraríamos la salida, 
y solo fue, otro modo de perdernos. 
Dejamos marcas sobre espaldas y camas sudadas en formato vertical, 
que eran un descenso obligatorio para aprender a alzar el vuelo, 
o para estrellarse en el intento. 
Casi sin querer, quisimos querernos, a pesar de todo. 
Hubo un tiempo en el que equivocarse fue el único modo de jugar nuestras cartas. 
En el que legalizamos las trampas para olvidarnos del resto de heridas. 
Y dejadme que os diga, que no eran para tanto. 
El que más y el que menos, sobrevivía haciéndose el feliz, hasta creérselo. 
Hubo un tiempo en el que perdimos todo lo que teníamos y nos dio igual. 
Un calendario, cargado de fracasos y de batallas perdidas. 
Fue ese tiempo, el que dejó cicatrices de heridas inmensas sobre nuestras espaldas, 
que endurecieron con el frío, con los años, con la palabra futuro en lugar de puntos 
hasta convertirse en corazas. 
Feroces armaduras de piel que enseñan los dientes al fuego por nosotros, que ya no duelen. 
Y por eso damos las gracias, 
porque hubo un tiempo, 
y aunque ya no podamos empezar de cero, 
sabemos vencer sin dolernos, tanto.

O eso creemos.


lunes, 2 de febrero de 2015

Una generación en guerra.

"Vamos a jugar a no saber nada, de nada. Yo me olvido de mi infancia y tú de mí."

Tiene gracia. Sin ánimo de ofensa.

Hubo un tiempo en el que la gente se acostumbró a vivir en guerra.
Bajo tierra nadie echaba de menos el sol y el mejor despertador, era el final de un bombardeo nocturno y reiterado. Después salían a la calle, en blanco y negro, todos. Y barrían los destrozos hasta dejarlo limpio, para volver a empezar.
La gente se moría, mucha gente se moría, de hambre, de miedo, de libertad. Entonces ellos, los de arriba, borraron del diccionario el término "añorar", y no pasó nada. Los vivos, esos seres grises, una mezcla entre ceniza y escombros, cantaban en los túneles sin salida de un final a oscuras. Cantaban, porque nadie muere cantando.
Se quemaban libros, libres y gentes. Y otros, los valientes, siguieron escribiendo cuando no quedaba luz, ni tinta, ni folios quedaban. Pero seguían escribiendo porque nadie muere leyendo, y sabían que así, ganarían la guerra.
Luego, en medio de un silencio que solo hacía abrir grietas en muros ya derribados, en medio de un bucle hacia ningún lugar, en la mitad, de un camino sin final a orillas de un río teñido de rojo, alguien se olvidó del pasado. De como huelen los besos, las mañanas de lluvia o el sol de las doce. De los gritos de placer y no de miedo, de todos los que ya habían perdido, de todo.
Algún ser gris, una mezcla entre ceniza y escombros nombró a aquello "rutina", y corrió la voz. Corrió entre el silencio del cemento arqueado, entre descarga y carga de pólvora, entre las llamas sin respuesta viva de aquella guerra. Corrió sin que nadie pudiera frenarla.
Así fue como una generación entera, forjada a base de rutina sin calendario, de pena, olvidó que estaba en guerra.
Se acostumbró a vivir en guerra.
Y cuando dijeron "salid, vencimos" lo celebraron.
Y cuando dijeron "volvéis, a estarlo" ni siquiera lloraron.
¿Tiene gracia? Ellos jugaron a no saber nada, de nada.
"Yo me olvido de mi infancia y tú de mí", dijeron.
Pero nosotros, no lo recordamos.

Porque hay palabras,
que todavía
no han vuelto
al diccionario.